El Origen de las Naciones Unidas
POR. Gabriela Karina Cervantes Fuentes
Directora de Educación del IMMG
El deseo de construir una organización capaz de lograr la armonización y la solución pacífica de las controversias entre los Estados ha sido un viejo anhelo de la humanidad. Paradójicamente, las dos guerras mundiales fueron el punto de partida y el incentivo más palpable que han tenido los pueblos para comprometerse a crear un foro internacional capaz de ser un catalizador de los conflictos y de propiciar fórmulas de advenimiento entre las partes beligerantes.
Al concluir la primera Guerra Mundial, bajo el liderazgo del presidente Woodrow Wilson, tuvo lugar el primer intento serio de constituir una instancia de carácter supranacional orientada a evitar la destrucción del planeta como consecuencia de un enfrentamiento armado. Las naciones participantes en el conflicto de 1914 unieron sus fuerzas para apoyar los principios de paz, seguridad y bienestar humano. Fue de este modo que el Pacto de la Liga de las Naciones surgió como escenario de las aspiraciones de los países participantes para evitar otro holocausto. Sin embargo, la crisis económica del final de la década de los años veinte y principio de los treinta, aunado al desarrollo del nacional socialismo, condujo a la desintegración temprana de la Liga de las Naciones.En efecto, el fracaso de la aplicación de sanciones por parte de la Liga en contra de Italia en 1935 y 1936, acompañado de la consolidación de Alemania como potencia, en particular con la militarización del Rhineland, fueron factores centrales que propiciaron el inicio de la Segunda Guerra Mundial.
En 1941, las naciones involucradas en la lucha contra las potencias del Eje anunciaron en Londres su intención de coadyuvar al establecimiento de un orden en el que la no-agresión sería el principio articulador, orientando los recursos a fortalecer la seguridad social y económica. Un año más tarde, en Washington, esta coalición, aumentada por la adhesión de otros países que se vieron en la necesidad de unirse a las fuerzas aliadas, acordaron la llamada Declaración de las Naciones Unidas.
Dicho texto implicó una ratificación de la Carta del Atlántico del 14 de Agosto de 1941, en la cual se establecía de manera un tanto vaga que el mundo propugnaría por el establecimiento de una paz que provea a las naciones con los medios para vivir con seguridad dentro de sus propias fronteras. Precisó, además, el desarme de los agresores y, consecuentemente, la creación de un sistema y permanente de seguridad colectiva. Aparte de los principios establecidos en la mencionada Carta del Atlántico y aceptados en la Declaración de las Naciones Unidas, no se hizo ningún pronunciamiento trascendental relacionado con la posibilidad de establecer una organización internacional para mantener la paz y la seguridad hasta la Conferencia de Moscú de Octubre de 1943. En dicha conferencia, los representantes de China, Unión Soviética, Reino Unido y Estados Unidos reconocieron la necesidad de establecer lo más pronto posible una organización internacional basada en el principio de igualdad soberana de los países amantes de la paz que estuviera abierta a todos los Estados, grandes y pequeños, para garantizar el mantenimiento de la paz y seguridad internacional.
En Teherán, en diciembre de 1943, el presidente de los Estados Unidos, el primer ministro de la Gran Bretaña y el primer de la Unión Soviética reconocieron la responsabilidad suprema que tenían y todas las naciones unidas en crear las bases de una paz que preserve la buena voluntad de los pueblos del mundo y desaparezca el terror de las guerras por muchas generaciones.
Asimismo, en esa ocasión se convino en buscar la cooperación y participación activa de todas las naciones para la eliminación de la tiranía, la esclavitud, la opresión y la intolerancia. De esta forma, en pleno conflicto bélico continuaban los planes en ambos lados del Atlántico para la creación de una organización internacional. En el verano de 1944 la atmósfera para una nueva reunión estaba casi lista. El 21 de agosto de ese año se llevó a cabo un nuevo encuentro, esta vez en Dumbarton Oaks, en las inmediaciones de Washington, con el objeto de llevar a cabo conversaciones exploratorias al respecto.
Estas conversaciones dieron como resultado las Propuestas de Dumbarton Oaks, en las cuales se anunció la iniciativa de promover el establecimiento de una nueva organización internacional. Los principios básicos de las propuestas se pueden resumir en el mantenimiento de la paz y seguridad internacional, el desarrollo de relaciones amistosas entre naciones, adoptar medidas apropiadas para el fortalecimiento de la paz universal, lograr una cooperación internacional para la solución de problemas internacionales de carácter económico, social y humanitario y crear un centro para la coordinación de las acciones de las naciones en la consecución de fines comunes.
Es pertinente mencionar, asimismo, que en principio la adhesión a esta nueva organización internacional no aspiraba a tener carácter universal. Las Propuestas pretendían fijar el marco para la nueva organización, así como señalar las obligaciones y derechos de los Estados miembros. La estructura organizativa propuesta no mostraba diferencias básicas con respecto al Pacto de la Liga de las Naciones. Sin embargo, otorgó un énfasis distinto a la definición de las funciones de cada uno de los órganos y a las obligaciones de los miembros. En las Propuestas se estableció una clara definición entre las obligaciones y responsabilidades de la Asamblea General y las del Consejo de Seguridad.
A esta delimitación de funciones se añadió un procedimiento que regularía las votaciones en el Consejo de Seguridad, todo lo cual fue acordado en la Conferencia de Yalta de Febrero de 1945 en la que se convino otorgar status de miembros permanentes a las cinco grandes potencias con derechos más amplios que los contemplados en la Liga de las Naciones. A la convención de san Francisco asistieron cuarenta y cinco naciones, comprendidas las que habían apadrinado la conferencia,todas ellas habían declarado la guerra a Alemania y al Japón y habían suscrito la Declaración de las Naciones Unidas.
En esta forma, se reunieron en la gran ciudad californiana los delegados de cincuenta naciones, que representaban un ochenta por ciento de la población total del mundo: gente de todas las razas, religiones y continentes y todos resueltos a establecer una organización que conservara la paz y ayudara a crear un mundo mejor. El temario de la conferencia estaba formado por las propuestas de Dumbarton Oaks, y correspondía a los delegados redactar sobre esta base una carta aceptable para todos los países. Asistieron 850 delegados, que con sus asesores y colaboradores, y el personal de la secretaría, sumaban 3.500. Fueron allá, además, 2.500 representantes de la prensa, la radio y los noticieros cinematográficos, y observadores procedentes de numerosas organizaciones y sociedades. En suma, la conferencia de San Francisco fue una de las más importantes de la historia, y quizás también la mayor de las reuniones internacionales que jamás se hayan efectuado.
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