Editorial

En un mundo donde los avances tecnológicos nos han acercado y el sistema económico globalizador nos ha dividido y alejado de otras realidades, las cuestiones de género se han convertido en un tema en el que se han involucrado a todos los actores sociales.
Gobiernos federales, estatales, municipales; organizaciones civiles, instituciones educativas, organismos culturales, empresas; han aportado herramientas para que la situación de desigualdad e injusticia en la que han vivido las mujeres desaparezcan.
De esta misma manera, y velando por los derechos humanos de las mujeres, la Organización de las Naciones Unidas emitió en la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer una carta en la que se asentaron las formas de discriminación, la manera de salvaguardar los derechos de las mujeres, las obligaciones de los Estados para lograr una igualdad y equidad entre hombres y mujeres, así como algunos de los derechos que se tienen como mujer. Esto dio pie, a que las naciones incluidas se pusieran a trabajar sobre algunos de los puntos mencionados en tal acuerdo.
La problemática de los derechos humanos de las mujeres es a la vez la misma y distinta que la de los hombres. Como los hombres, las mujeres son víctimas de homicidio, represión, tortura, desapariciones, hambre. A su vez, las mujeres también pueden ser víctimas de métodos represivos particulares, tales como la violación sexual y el embarazo forzado y sin duda la discriminación cotidiana. Las mujeres trabajan más, ganan menos, y muchas veces no tienen el derecho a su vientre, a su nombre, a sus hijos.
Y aunque tenemos ya décadas trabajando en disminuir el resquicio existente entre mujeres y hombres, la verdad es que aún sigue enraizado el problema de género, siendo los usos y costumbres uno de los principales bloques que hemos encontrado para poder avanzar.
Ideologías religiosas, cuestiones culturales, creencias familiares, sistemas educativos, necesitan ser la pauta para poder generar transformaciones significativas en la vida de las personas más vulnerables de la sociedad.
El hacer crecer económicamente a los grupos de mujeres para mejorar sus condiciones de vida, generar alternativas viables y sostenibles para la erradicación de su pobreza, la prosperidad de su salud, crear una cultura de respeto y solidaridad, serán las semillas que en su ramificación podrán eliminar los enormes vacíos que separan, debilitan y entorpecen a una sociedad en la que hombres y mujeres no han podido aun verse a la cara.

Lic. Teresa López Hernández
Directora General del Instituto Municipal de las Mujeres en Guadalajara